En el claro verano, cuando los vientos soplan
solamente en las hojas de los árboles altos,
hay que flotar en ríos o en estanques
como esas plantas donde habita el lucio.
Se hace ligero el cuerpo sobre el agua.
Si se alza el brazo lánguido hacia el cielo,
lo columpia la brisa sin memoria
al confundirlo con morenas ramas.
El cielo a mediodía y su gran calma.
Uno cierra los ojos. Golondrinas.
Barro caliente. Si hay burbujas frescas,
se sabe: nada un pez bajo nosotros.
Mi cuerpo, los muslos y el brazo sereno
yacemos muy unidos en el agua.
Sólo si nos pasan los peces fríos
noto que brilla el sol sobre la poza.
Y cuando por la noche, tras tanto estar tumbado,
entra tanta pereza que hasta moverse duele,
con palmadas, sin dudas, hay que arrojarlo todo
a la intensa corriente de los ríos azules.
Lo mejor es quedarse hasta la noche,
pues llega sobre el río y los arbustos,
malo y voraz, el pálido tiburón del cielo
y cada cosa es como ella quiera.
Por supuesto, hay que echarse boca arriba
según el uso. Y dejarse llevar.
No hay que nadar, no, sólo hacer como si
uno formase parte de la grava.
Hay que mirar el cielo, simular
que nos llevase una mujer, y es cierto.
Sin grandes maniobras, como hace el buen dios
cuando aún nada de noche por sus ríos. Bertolt Brecht
Nota: La traducción es mía y libre, como siempre.
Foto: Domingo en las pozas


2 comentarios:
No le conocía así,... muchas gracias.
...
1. De noche junto al río en el oscuro corazón de los arbustos
a veces vuelvo a ver su rostro, el de la mujer que amé: mi mujer, que murió.
2. Hace ya muchos años, y a ratos ya no sé nada de ella, la que antes lo fue todo, pero todo se marchita.
3. Y ella era en mí como un pequeño enebro en las estepas de
Mongolia, cóncavas, con el cielo amarillo pálido y de gran tristeza.
4. Vivíamos en una cabaña negra junto al río, Los mosquitos solían perforar su blanco cuerpo, y yo leía el periódico siete veces o decía: tu pelo tiene un color sucio. O: no tienes corazón.
5. Pero un día, cuando estaba yo lavando mi camisa en la cabaña, ella se acercó a la puerta y me miró y quería salir.
6. Y quien le había pegado hasta cansarse, dijo: ángel mío.
7. Y quien le había dicho te quiero la condujo fuera y riendo miró al aire y alabó el buen tiempo y le dio la mano.
8. Como ya estaban afuera, al aire libre, y la cabaña estaba desierta, cerró la puerta y se sentó tras el periódico.
9. Desde entonces no la he vuelto a ver, y de ella sólo quedó el gritito que dio cuando por la mañana volvió a la puerta que
ya estaba cerrada.
10. Ahora la cabaña se ha podrido y mi pecho está relleno de papel de periódico y por las noches tumbado junto al río en el oscuro corazón de los arbustos me acuerdo de ella.
11. El viento lleva olor a hierba en el pelo y el agua grita sin
fin pidiendo calma a Dios, y en mi lengua tengo un sabor amargo.
...
B.B.
Me gusta mucho siempre, (de verdad), lo que compartes con nosotros.
(...Y qué decir de la Nota, el Original y la Foto,... :)
Muchos besos.
B.N.C.N.R.
(GinebraPris)
Gracias a ti, Ginebra, por dejar este otro poema de Brecht. A mí me parecen los dos bastante distintos, pero tienen un aire similar por el espacio y, claro, por la voz, a pesar de la traducción.
Buenas noches! :)
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